El camino de la Consciencia
- Monica Vettorazzi de Ritz

- 6 jun 2019
- 3 min de lectura
Actualizado: 9 abr

En algún momento de la vida, el ser humano siente que algo debe cambiar. No siempre sabemos qué es, pero aparece una incomodidad interior, una sensación de que la vida tiene algo más que mostrarnos. Muchas veces, este despertar surge cuando afrontamos dificultades que nos obligan a salir de nuestra zona de confort. Es allí donde comienza el verdadero camino de la consciencia.
La necesidad de cambio emerge cuando el ser afronta situaciones que lo cuestionan, lo confrontan y lo invitan a buscar nuevas satisfacciones mentales, emocionales y espirituales. Cuando esa necesidad aflora, se inicia un camino de búsqueda interior. En ese proceso, la vida empieza a cambiar: aparecen nuevos libros, nuevos maestros, nuevos trabajos, nuevas situaciones y personas con las que compartimos inquietudes similares y otras formas de mirar la vida.
El primer rasgo de este camino es el cuestionamiento interno. Nos convertimos en buscadores de respuestas que aclaren y sustenten nuestras inquietudes, sabiendo que hay algo más sustancial que le dé sentido a nuestra vida. Este cuestionamiento puede ser tan profundo que nos lleva a dimensiones interiores que antes no habíamos explorado.
El segundo rasgo es el encuentro con el maestro, aquel que está dispuesto a compartir el conocimiento de cómo conectarnos con nosotros mismos y expandir nuestra experiencia de vida. Muchas veces hemos escuchado que el maestro aparece cuando el alumno está listo. El maestro no sustituye ningún principio vital de nuestra existencia; es solamente un acompañante, otro ser que antes de ser maestro también fue alumno y pasó por su propio proceso de búsqueda y cuestionamiento.
El estudio es el siguiente paso en la secuencia de este caminar. Este paso es muy importante y vital para determinar nuestro desarrollo de la consciencia a lo largo de nuestras vidas. Algunos toman la determinación de trascender a través de esta disciplina de manera autodidacta, mientras otros prefieren hacerlo acompañados o en comunidad. El estudio de la consciencia propone un caminar individual con una convivencia comunitaria. Las experiencias de otros expanden nuestra vida y compartimos memorias que nos enriquecen mutuamente.
Al profundizar en el estudio de la consciencia, veremos que este campo es amplio y profundo. Cada persona puede inclinarse hacia distintos planos de consciencia. Algunos seres se inclinan hacia las letras y elaboran cuestionamientos antropológicos, sociológicos, astrológicos, ontológicos o metafísicos. Otros se inclinan hacia la ciencia y buscan comprender cómo el cuerpo físico trabaja y la interrelación entre lo biológico, lo psíquico y lo emocional. Otros seres se inclinan hacia la contemplación y elaboran cuestionamientos espirituales, conectando su ser interior con lo trascendente y desarrollando niveles intuitivos profundos.
Sin embargo, el último paso de este camino no es el conocimiento, sino hacerlo vida: el servicio a través de la acción. Cuando el estado de consciencia comienza a integrarse, el ser humano se determina a compartirlo consigo mismo y con los demás. Su acción se vuelve más clara, más ordenada y coherente entre pensamiento, emoción y acción. Su experiencia de vida, junto a un nivel de consciencia basado en el amor, lo conduce hacia su propia maestría.
En ese punto, el ser ya no es el mismo. Vive un estado transformado de consciencia consigo mismo y con la vida. El camino de la consciencia no es un destino, es una forma de vivir, de observar, de cuestionar y de transformarse constantemente.
¿Qué implica este caminar como un estado transformado de consciencia para ti?
Si estos temas resuenan contigo, te invito a seguir explorando el camino de la consciencia a través de los contenidos de esta página y de mi libro Mi despertar puede ser el tuyo. Historias admirables de sanación.

