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El viaje a mi Interior.

  • Foto del escritor: Monica Vettorazzi de Ritz
    Monica Vettorazzi de Ritz
  • 6 jun 2019
  • 2 min de lectura

Actualizado: 9 abr


Después de plantearnos el cuestionamiento ¿quién soy yo?, surge una propuesta inevitable: iniciar un viaje. No es un viaje hacia afuera, sino una travesía hacia el interior, una que implica análisis profundo a nivel mental y emocional.


Cada diseño de vida es único y personal. Por eso, este viaje se convierte en una tarea desafiante, pero profundamente valiosa en términos de crecimiento integral. El ser humano está conformado por tres dimensiones de consciencia: mente, cuerpo y alma. Cada una de ellas ofrece un acceso distinto a nuestro mundo interior y contiene un conocimiento profundo que necesita ser observado, comprendido y trabajado. Todo este conocimiento habita en nosotros como parte de nuestra propia naturaleza.


A nivel mental, el trabajo consiste en observar pensamientos y emociones, entendiendo que ambos son manifestaciones del ego. Los pensamientos pueden comprenderse como información que surge a partir de nuestras percepciones, mientras que las emociones son las sensaciones que acompañan esa información. Este dúo opera constantemente y construye aquello que el ego interpreta como “la realidad”.


A nivel del cuerpo, la comunicación es más compleja. El cuerpo posee un sistema biológico propio que detecta y manifiesta información. Comprenderlo requiere aprender a decodificar sus señales y relacionarlas con las experiencias vividas. Es en esa conexión donde el cuerpo se convierte en un canal de consciencia.


A nivel del alma, el camino se orienta hacia la sanación a través del perdón. Este es un proceso decisivo para la evolución espiritual del ser. Aquí se hace evidente que somos seres espirituales viviendo una experiencia terrenal. Si no logramos descubrir nuestra esencia interior, difícilmente podremos comprender nuestro propósito de vida. Esta dimensión es, quizá, la más profunda, porque es donde el ser se encuentra consigo mismo y valida su existencia en distintos planos.


En la vida cotidiana, muchas veces buscamos respuestas fuera de nosotros, cuando en realidad este viaje es completamente interno. Cada persona, en algún momento, se enfrenta a situaciones que lo invitan a detenerse, a observarse y a preguntarse si realmente se conoce a sí misma.


Desde una mirada ontológica, este viaje implica asumir que solo yo puedo recorrerlo. Nadie puede hacerlo por mí. Solo yo puedo decodificar, interpretar y asumir mi realidad. Y para ello, es fundamental aprender a dialogar con cada una de las partes que me conforman: mente, cuerpo y alma.


Ese diálogo debe surgir desde el amor, dignificando cada dimensión del ser. No se trata de juzgar, sino de comprender. No se trata de rechazar, sino de integrar. Viajar hacia el interior no es escapar del mundo, es aprender a habitarlo desde un lugar más consciente, más coherente y más auténtico.


Todo viaje requiere intención y decisión.

¿Estás dispuesto a iniciar el tuyo?

Te invito a detenerte, observarte y comenzar ese diálogo interno que puede transformar tu manera de vivir.


Si este tema resuena contigo, puedes seguir explorando este camino de consciencia en los artículos de este blog y en mi libro Mi despertar puede ser el tuyo. Historias admirables de sanación.





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