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Cuando la vida me dijo: game over.

  • Foto del escritor: Monica Vettorazzi de Ritz
    Monica Vettorazzi de Ritz
  • 14 abr
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 17 abr

Contar mi historia a través de Mi despertar puede ser el tuyo conllevó horas de mucho trabajo. Este libro es la síntesis de esa transformación profunda. El eje de esta obra es el dolor vivido durante varios años. También es una forma de expresar que sí es posible sanar y transformarse.


Esta historia inicia con el diagnóstico de la lesión cerebral intrauterina de mi hija Clara (nombre ficticio). Antes de este evento, mi vida giraba alrededor de la convivencia amorosa de mis hijos y esposo.  Al parecer todo era normal, ordenado y afín. La vida ofrecía un sentido de confianza y seguridad.


La llegada de Clara vino a cambiar las reglas de un juego que me anunciaba: game over. Recuerdo como yo resentí el cambio radical de dirección. Ese cambio que me dejó completamente desorientada.


La primera propuesta retadora fue entender qué era una lesión cerebral y qué implicaba en mi vida y en mi hogar. No tardó en emerger la culpa, el enojo, la tristeza como acompañantes silenciosos y reprimidos. Y con ellas, la sensación de que el juego había terminado se hizo más fuerte.


Esta carga emocional empezó a golpearme fuertemente. Llegué al punto de intentar ignorarla, sustituyendo el dolor con trabajo. En la primera parte del libro, detallo cómo decidí enfrentar la situación trabajando largas horas. Existía una idea ilusoria de desaparecerla en la vida de Clara y por ende en la mía.


Me resistía a convivir con la herida, con el dolor. Trabajé de manera exhaustiva para regresar de vuelta a la tan ansiada normalidad. Mi cuerpo estaba cansado, abatido y sin fuerzas. Algo debía de cambiar. Ya habían pasado varios años y la normalidad no regresaba. Yo, aferrada a cambiar lo incambiable. Una verdad que me gritaba, game over. 


Saberme vulnerable, confundida, insuficiente me quebró. Sentirme humana e impotente me hizo entender que la lesión cerebral había venido para quedarse. Llegó el momento de tomar una decisión: sigo en el juego con otras reglas o me doy por vencida. Rendida más no resignada, pude entender algo, el quiebre me invitaba a cambiar algo. Tal vez a aceptar que ese cambio no era pasajero… sino parte de mi nueva realidad.


Hoy puedo ver que ese quiebre no vino a destruirme… vino a transformarme.

Y ese es solo uno de los aprendizajes que comparto en Mi despertar puede ser el tuyo. Historias admirables de sanación.



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