Lo que hice para transformar mi vida.
- Monica Vettorazzi de Ritz

- 5 may
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Actualizado: 7 may
Comprender lo que me estaba pasando fue un paso importante… pero no fue suficiente.
¿Has escuchado la frase “lo último que se pierde es la esperanza”? En ese momento, esa idea empezó a tomar sentido para mí.
Cuando estuve sumergida en el quiebre sin esperanza, me decía: no hay mal que dure cien años... En ese preciso momento, la esperanza de otra realidad aparecía, como una promesa, que aquello no duraría para siempre.
Posterior a ese momento de reflexión, vino a mí la propuesta de que si yo deseaba un cambio lo debía de crear. Que aquella esperanza me proponía una transformación pero para ello, yo debía de actuar. Reconocerlo cambió mi mirada.
La transformación ocurrió cuando comencé a actuar diferente. La esperanza al cambio mantuvo dentro de mí la potencialidad a la transformación. ¿Cuál debía de ser ese paso?, me pregunté.
Me di cuenta, si mi deseo era cambiar aquello que ya no me hacía feliz, entonces… sentí que necesitaba algo nuevo o tal vez convertirme en alguien diferente. Fue ahí donde dentro de mí surgieron dos aspectos casi en paralelo: fuerza de voluntad y compromiso.
Una voluntad que me apoyara para lograr mi felicidad tan ansiada y esperada. Una capacidad que me ayudara a salir adelante. El darme cuenta de que para eso tenía que invitarme a ver con otros ojos, de escucharme con amor y empatía, el entender que todo lo que había marcado mi historia hasta ese momento, me proponía descubrimiento.
Poco a poco reemplazar el sufrimiento por oportunidad, el victimismo por liderazgo, la soledad por consuelo permitió que el quiebre, se fuera mitigando paulatinamente. La constancia al cambio me llevó hacia el encontrar un nuevo sentido de vida.
Mi vida cambió de sentido porque algo dentro de mí se quebró. Pensar en repararlo era confuso porque en lo más sensible de mí, sabía que nunca mi vida regresaría a ser igual. El nuevo sentido me dijo: vengo a transformarte porque es hora de ser otra.
Comprendí que esas nuevas razones por vivir fueron proponiendo algo diferente: verdades las cuales me empezaron a regalar libertad y propósito de vida. El soltar lo viejo para abrirme a lo inédito por descubrir. Fue como un despertar hacia nuevas creencias, realidades, circunstancias, personas, lugares en donde propuso un plan de mayor servicio en mi vida.
Hoy puedo ver que todo ese camino —la esperanza, la voluntad y el compromiso, la acción constante— no solo me cambió, me dio un nuevo propósito de vida.
Y ese fue el siguiente paso en mi camino… uno que me llevó a mirar más allá de mí.
Y ese es solo uno de los aprendizajes que comparto en Mi despertar puede ser el tuyo. Historias admirables de sanación.




