Una mirada diferente gracias al quiebre
- Monica Vettorazzi de Ritz

- 17 abr
- 2 min de lectura
Actualizado: 18 abr
Hoy veo la vida como una gran maestra. Mirarla desde otro ángulo me permitió aprender.
La lesión cerebral de Clara (nombre ficticio) propuso un quiebre definitivo dentro de mí. Fue ahí donde comencé a entender que el problema no era lo que estaba viviendo, sino cómo lo estaba interpretando. Y entonces surgió una pregunta importante: ¿de qué depende cambiar la mirada?
Lo primero que identifiqué fue esto: vivir un reto que quiebra la realidad que creemos estable. Comprendí que aquello a lo que me aferraba ya no pertenecía a mi vida, y que intentar conservarlo era lo que generaba sufrimiento. Fue la adversidad la que me obligó a cambiar las reglas del juego… la que me llevó a un verdadero game over.
Luego entendí que necesitaba aceptar un cambio de identidad. Ya no era la misma. Ese cambio implicaba una nueva forma de pensar, de sentir y de actuar. Ese desajuste interno me llevó a cuestionarme con mayor honestidad y a mirarme desde otro ángulo.
En ese proceso, comprendí algo que la ontología expresa con claridad:
“No sabemos cómo las cosas son, solo sabemos cómo las interpretamos.”
Fue entonces cuando entendí que no se trataba de cambiar lo que estaba pasando… sino de cambiar quién estaba siendo yo frente a eso.
Y finalmente, comprendí un tercer elemento: la necesidad de cambiar mi manera de mirar lo que estaba viviendo.
A partir de ese momento, comencé a ver nuevas posibilidades y a abrirme a acciones diferentes. Ahí entendí que la realidad empieza a transformarse cuando cambia la forma en la que la interpretamos.
Lo que antes vivía desde la incertidumbre y el sufrimiento, comenzó a revelarse como una oportunidad de transformación.
Hoy lo veo con claridad: no hay cambio sin movimiento.
El cambio es una posibilidad… el movimiento es transformación.
Cambiar la mirada a través de un quiebre fue, para mí:
— el aviso de un verdadero game over
— la posibilidad de crear una nueva realidad
— la invitación a transformarme
Así comprendí que ese quiebre no venía a romperme, sino a transformar una vieja manera de ver la vida. Gracias a ello, algo nuevo comenzó a emerger.
Mi vida cambió de una manera impredecible. Se abrió la posibilidad de reencontrarme, de darme espacio para comprender, para sentir y para aceptar mi vulnerabilidad. Una nueva identidad comenzaba a surgir con mayor consciencia y compromiso.
Desarrollé un nuevo potencial interno. Al abrirme a otra mirada, la vida me dió la oportunidad de crecer como maestra, coach, sanadora y ahora como escritora.
Hacer este cambio no fue fácil, pero fue el inicio de un nuevo ciclo.
Hoy comprendo que cambiar la forma de mirar transforma la realidad…pero ese cambio no ocurre solo con entenderlo.
Requiere algo más.
Y ese fue el siguiente paso en mi camino.
Y ese es solo uno de los aprendizajes que comparto en Mi despertar puede ser el tuyo. Historias admirables de sanación.




